Aveeno Daily Moisturising lotion, Jennifer Aniston y mi piel se viene arriba

Buscar la crema corporal de tu vida, ésa que te hace sentir realmente como en casa en tu propia piel, resulta una tarea tan difícil, agotadora y a la vez emocionante como buscar tu perfume.
Incluso diría que un poquito más, porque las variables se multiplican. A una crema de cuerpo no solo le pido un aroma embriagador: también una hidratación ligera pero duradera y un formato fácil.


Atrás quedó mi pasión por los tarros redondos de manteca, hoy necesito un bote fácil de transportar y sobre todo con un dosificador que me alegre la vida y la tarea. Porque hidratarse la piel del cuerpo, seamos sinceras, provoca pereza en el noventa y nueve por ciento de las ocasiones y hay que buscar motivación.
Atrás quedó también mi gusto por los aromas muy dulces, tipo Honeay Touch de Rituals o la línea rosa de Treets traditions. Bueno, en ambos principios hay ligeros matices porque en cuanto se acerque un poco más la Navidad sé que volveré a desear una manteca con reconfortante y navideño olor a chocolate, pero a diario en mi vida normal, tiempo ordinario..., lo que busco es hidratación ligera y olor a piel limpia, a calma, a sábanas recién planchadas...


Y, ¿por qué no admitirlo?, un poco de glamour. Y hoy debo confesar que estoy enamorada  que cuando vi en uno de los murales publicitarios de la farmacia Senado de Roma un visual de la espectacular Jennifer Aniston anunciando la marca Aveeno, caí rendida ante sus pies.
Por un lado, se trata de una actriz que fue todo un mito en nuestro imaginario colectivo de adolescentes de los noventa, y por otro esta firma, al menos hasta ahora, no se conseguía en España, lo cual le da al asunto un matiz exclusivo interesante...

Sin embargo, una crema puede estar rodeada de todo el chic publicitario de este planeta y parte de la galaxia vecina, que si no vale nada en la piel, de nada sirve. Pero el principal ingrediente (después de la parafina, no nos alucinemos) de esta loción hidratante en cuestión es la avena coloidal, un tipo de avena no comestible pero ideal para tratar afecciones como la rosácea gracias a sus polisacáridos. Puede que sea ésa la razón de que cuando me toca me siento en el paraíso, pero no adelantemos acontecimientos...
En un principio tuve miedo porque el olor de la avena en la cosmética no me suele gustar, pero entonces miré la vitrina de la marca y allí estaba, radiante, para mí: la versión "aroma a lavanda".


Y no, no es que huela a lavanda simplemente: es que huele a calma, a tranquilidad, a piel recién salida de la ducha, con las burbujas de un buen jabón artesano de lavanda brillando todavía sobre los hombros, resbalando por las piernas...
Huele a delicadeza, a feminidad, a ajuar de madre cariñosa, a noche de bodas y a primer bebé en camino, huele todo lo suave y recóndito que rodea a una mujer, a puerto, a casa ya  amor en esa casa.
Desde que la tengo, no es solo que mi piel huela a maravilla: es que la siento suave, sedosa, y me veo guapa, y eso tiene un efecto maravilloso no solo en la autoestima sino en la voluntad.


... Me he venido arriba. Veo mi piel bonita y me han entrado ganas de que el cuerpo también lo sea. En Limoni anduve por vez primera en mucho tiempo rondando los artilugios contra la celulitis... Y me he hecho la firme promesa de que, a mi vuelta a Logroño, me compraré a plazos en Decathlon una máquina elíptica para casa, para que el mal tiempo no sea nunca más excusa, para hacer deporte todos, todos los días frente a mis series favoritas.

Este otoño, llevarás labios cereza… con Bionike

Según el ejemplar de octubre de la revista InStyle en su edición española, que pude comprar en un kiosko de prensa de Vía Tritone en Roma, el color de moda en nuestros labios este otoño será el cereza, y hay uno para cada mujer. Yo, por supuesto, ya tengo el mío...


También se dice, se comenta que el lavanda es el nuevo rouge, y no paro de ver labios negros (y brillantes, laus Deo) en redes sociales...
Como veis, estoy a la busca y captura de "pintalabios". Ando de picoteo labial. Y no solo por capricho, en este caso por algo parecido a la necesidad también, porque de golpe y porrazo terminé varias de mis barras de labios más apreciadas, y hasta mi madre se llevó mi última compra metalizada de Smashbox... Y me vi solita en Roma sin nada más que labiales líquidos mates en el neceser, que no, lo siento pero no son mis favoritos. Aún debo hablaros de mi colección de Lip Cream Stains de Sephora pero no creo que vuelva a picar con ellos, ni mucho menos con Kat Von D. Serán elegantes, alcanzarás con ellos una nueva cumbre del glamour..., pero para mí nunca terminarán de ser cómodos.


Y he aquí que antes de mi proyectada nueva visita a Limoni (mañana sábado), se cruzó en mi camino un antro de perdición en forma de farmacia con una gran superficie destinada a la cosmética. Se trata de la Farmacia Senado que está, oh sorpresa, justo al lado, pero al lado al lado del senado de Roma. En el Corso del Renacimiento que me coge de camino hacia la Universidad de la Santa Croce. Que por cierto, hacia la universidad de la Sapienza me pilla un Mac, pero eso será otro capítulo de mi vida en Roma que os contaré otro buen día...


La Farmacia Senado no solo cuenta con firmas de parafarmacia francesa, Darphin, Lierac y la Roche Posay, más alguna marca que no se encuentra en España como Aveeno (cállate Rocío que estás venga a hacer hype, de Aveeno hablarás más tarde)..., Esta cueva de los tesoros vende también firmas autóctonas, italianas, que me toca descubrir, y una de ellas es Bionike o BioNike.
Marca originaria de Milán (y cuál no, es la cuna del maquillaje italiano), que nace con intención de cuidar la piel sensible y con cierta vocación "eco" aunque, que yo sepa no cuenta con certificados y sus bases de maquillajes son una sinfonía de siliconas como todas por otra parte, de L´oreal a Chanel.


Pero los productos Bionique nacieron en farmacia y carecen de perfume y níquel, algo es algo. Y sus labiales carecen también de gluten y cuentan con mantecas en sus fórmulas: a mí me llamaron mucho la atención un labial en barra y un par de brillos absolutamente sublimes.
Comencemos por el tono que da título a este post, porque es el color del otoño según la voz autorizada de InStyle: el 111 Cerise. Pertenece a la gama Velvet y es duradero pero bastante cremoso... ¡y metalizado! Un cereza metalizado = el paraíso de los labiales rojos.

#nofilter #nomakeup... salvo el labial

Este labial de Bionique me costó menos de diez euros, nueve con ochenta para ser precisos.
Además de durar toda una jornada en mis labios y de dejar mi boca confortable e incluso hidratada... me fascinó su matiz. ¿Es o no es el rojo más bonito que hayáis visto en mucho tiempo? De hecho, en mi opinión supera con creces el test de los labiales, el experimento del terror: si quieres comprobar que un rouge es el tuyo, que te favorece de verdad..., pruebalo a cara lavada y sal a la calle con la piel y los párpados limpios, valiente, que el color que irradias en la sonrisa iluminará todo el rostro.


Como Bonus Track os cuento que en una visita posterior me llevé un par de tubos de brillo, también por diez euros cada uno, y que he vivido algo así como una conversión al Gloss.
Yo no era muy partidaria y de hecho no tenía ahora mismo ninguno en mi tocador, pero reconozco que en ocasiones me he encontrado muchas veces diciendo... "cómo echo de menos un gloss transparente". Ya los tengo, si no transparente (que lo encontraré, sin duda), en dos tonos salvavidas.
Nada pegajosos, libres de perfume, níquel y gluten (dato importante para usuarias celíacas), los brillos de Bionique poseen en cambio manteca de cacao y manteca de moringa en su fórmula. Huelen dulces pero naturales, no a vainilla sintética, (no miro a nadie, *Mac*), y aportan a los labios ese color radiante pero translúcido que andaba buscando y mucha luz debido a un "Factor Glow" exclusivo de la marca, cómo les gusta a los publicistas estos golpes de efecto...

#nofilter #nomakeup
No me he atrevido a realizar la prueba del terror con Brun, porque es un castaño café con chispa dorada que sirve para completar ahumados y temo que no funcione bien a cara lavada, pero ay el otro tono... Se llama Fraise y es justo ese rojo dulce translúcido en formato gloss que busqué durante años: el rouge no rouge, el tono piruleta pero brillante y ligero, el color fresa húmedo que tienen los labios de una niña..., y con él si me he sentido capaz de andar por las calles de Roma con la piel desnuda.

Ritual de belleza: Serozinc de LRP y descubriendo Weleda en Naturasi

Todo en esta vida se termina..., y a veces hay que añadir: "por fortuna".
Apuré la última gota de mi crema de Ziaja (que no fue mal del todo pero las he visto mucho mejores), y tiré a la papelera mi última toallita limpiadora de Deliplús (recuérdenme que nunca, nunca, nunca más  me pase más de veinte días desmaquillando mi piel solo con ellas...) Y mi rostro y mi cuerpo necesitaban mimos. Muchos mimos.


El post de hoy va a ser largo... vayan a por palomitas o mejor a por una infusión reconfortante.
Encontrar una rutina de belleza para piel sensible no resulta fácil, pero como contrapartida se trata de algo emocionante. A veces, cuando invierto algo de dinero en algo que no me funciona (y no, no todas las marcas tienen muestras a disposición del cliente), en vez de deprimirme me siento cual detective que ha perdido el hilo de una pista pero tiene intacta toda su ilusión para seguir por otro camino.

Normalmente a los cutis sensibles y reactivos se les cataloga como secos y se les recomiendan texturas densas, algo muy injusto que resulta fácil para las marcas: cuesta menos meter a todos en un mismo cajón que pararse a escuchar sus necesidades. Mi piel es más o menos seca pero reacciona a productos con demasiada grasa, aunque sea de origen vegetal. Eso me sucedió con un par de productos, afortunadamente baratos, que compré en una farmacia maravillosa de Roma, al lado del senado: mantuvieron a raya mis rojeces pero me crearon grasa "por un tubo" (guiño, guiño), que brotó como una fuente.


Sin embargo no doy por perdida mi visita a la Farmacia Senado de Roma, porque además de descubrir una marca de maquillaje que me está gustando mucho y de la que hablaré pronto, en ella encontré un aerosol de Serozinc, el tónico de La Roche Posay por el que hemos suspirado las españolas durante tanto tiempo. Ahora ya se puede conseguir en nuestro país pero en Logroño nunca lo había visto.
Vuelvo a lo dicho: Serozinc es una solución de sulfato de zinc y de sodio en agua termal, y está catalogada para pieles grasas. Y no, si mi cutis no es del todo seco desde luego no es graso, pero este tónico ha sido lluvia del paraíso, lágrimas de ángeles para mí. Ha cerrado mis poros y frenado espinillas y granitos que quisieron brotar. No irrita, al contrario: calma las rojeces como pocas emulsiones o tónicos que haya probado.


Pero mi gran hallazgo en cuanto a cremas y alimentación en Roma ha sido Naturasi, una mezcla entre mercado ecológico y pastelería vegana que hay en Piazza Farnese (a segundos de mi casa) y que me tiene obnubilada. Está abierta siempre, es un espacio diáfano y tranquilo pero desprende una luz otoñal (ya casi pre Adviento) que me seduce por entero. En el apartado de alimentación vende todo tipo de semillas, infusiones Yogi, fruta y verdura ecológica, aguas minerales raras, barritas energéticas..., y cuando llegas al final, te encuentras como una vitrina dedicada a productos de cosmética facial y corporal absolutamente fascinante.


La zona de cafetería es uno de los lugares más cómodos y acogedores que he encontrado en Roma para disfrutar de un momento que no sea la comida (junto con un bar de Via Sediari, cerca del Corso del Rinascimento). Puedes estar todo el tiempo que desees, nunca hay prisa. Cuando mi labor es de leer más que de escribir suelo bajarme y pedir un smoothie (mi favorito es el vitamínico de naranja, pomelo rosa y zanahoria), o si me siento caprichosa un trozo de bizcocho, también reciente y metido bajo una campana de cristal propia de pastelería americana,
Pero lo más importante, de cara a este infinito post, es que en Naturasi he descubierto la línea de almendra de Weleda para mi piel, y ha sido amor del bueno.


De Weleda yo conocía su línea de granada para el cuerpo, que huele a gloria; pero la gama de almendra es justo lo que andaba necesitando. El aceite de almendras dulces es el que mejor le sienta a mi piel roja: así como los de coco y argán son un a veces sí pero no, y los de aguacate, rosa mosqueta y jojoba directamente le van fatal, el "Prunus amiygdalus dulcis" como principio activo es casi tan milagroso como el bisabolol.
Y en la leche limpiadora y la crema hidratante de almendra que conseguí (por nueve y catorce euros respectivamente), éste es el primer ingrediente de la lista, junto con gilcerina, cera de abejas, ácido láctico... y nada más. Ni siliconas, ni derivados minerales, ni perfumes.


Tras pasar el test de la lista de ingredientes, ver que son pocos y de calidad,  yo debo probar las texturas, que deben ser algo fluidas. Ligereza no es igual a falta de nutrición, de igual modo que un INCI cargado de demasiados ingredientes y estratos, aunque sean naturales, puede sensibilizar la piel. Estos productos en cambio son blancos y frescos, se aplican muy bien.
La leche limpiadora es casi líquida y en dos pasadas de algodón ecológico lo arrastra todo, todo y todo, dejando piel de bebé a su paso. Me encantó probar su eficacia, realmente desmaquilla y por eso se ha convertido en mi producto favorito para retirar maquillaje; me recuerda a la loción Cetaphil y a la manteca de camomila de The Body Shop, es como una mezcla entre ambos.


La crema es una gozada. Poquito a poco normaliza la piel, es como una caricia nocturna y diurna, porque la utilizo en ambas ocasiones. Por la mañana hidrata sin saturar y por la noche me da todo lo que necesito.
En un primer momento, lo confieso, fui un poco tacaña y vi que la crema de malva de bebé costaba nueve euros en vez de los catorce que pedían por la de almendra y me la llevé: tenía los mismos ingredientes pero el óxido de zinc que los diferenciaba estaba en primer lugar..., y eso hace que la crema de malva sea muy densa, una pomada porque claro, ¡está pensada para el pañal del niño!


Ahora no me pesa haberla comprado porque es maravillosa para el cuerpo, pues arregla codos rugosos, sobacos coloraos... Ejem, tengo un pequeño gran problema con el desodorante: no me he podido traer mi bote de piedra de alumbre líquida de La Boutique de los perfumes y todo lo demás que suele llevar alcohol o aluminio me deja las axilas encendidas. Y lo peor, me abandona. Es un problema en mi vida. Y he visto que los desodorantes ecológicos que hay en Naturasi también tienen alcohol.


El último producto de mi ritual de belleza es un tarro de manteca de karité pura que me compré en la farmacia del senado. Me costó solo cinco euros y la firma Dr Taffi, marca italiana que tiene sueros de ácido hialurónico muy atractivos y la gama para rojeces que como dije a mí me resultó demasiado densa y compleja.
Sin embargo, amo los tarros de principios activos puros, sin más ropajes ni disfraz. La manteca de karité es otro ingrediente que mi piel ama. Antes de aplicarla hay que trabajarla un poco con los dedos, pero cuando se malea resulta adorable. Yo la estoy utilizando como contorno de ojos: no lagrimeo, no me irrita.. y la zona está mucho más tersa que antes.


Os presento la prueba de fuego para evaluar mi rutina, llegó la hora de la verdad: una imagen de mi cara desnuda, sólo con "pintalabios" porque de otro modo no sería yo. Ni filtros, ni maquillaje: sólo una semanita larga utilizando los productos aquí reseñados. Mi piel ahora es una piel que respira, relajada, feliz... ¡tan feliz como su dueña!

Ritual de belleza: Serozinc de LRP y descubriendo Weleda en Naturasi

Todo en esta vida se termina..., y a veces hay que añadir: "por fortuna".
Apuré la última gota de mi crema de Ziaja (que no fue mal del todo pero las he visto mucho mejores), y tiré a la papelera mi última toallita limpiadora de Deliplús (recuérdenme que nunca, nunca, nunca más  me pase más de veinte días desmaquillando mi piel solo con ellas...) Y mi rostro y mi cuerpo necesitaban mimos. Muchos mimos.


El post de hoy va a ser largo... vayan a por palomitas o mejor a por una infusión reconfortante.
Encontrar una rutina de belleza para piel sensible no resulta fácil, pero como contrapartida se trata de algo emocionante. A veces, cuando invierto algo de dinero en algo que no me funciona (y no, no todas las marcas tienen muestras a disposición del cliente), en vez de deprimirme me siento cual detective que ha perdido el hilo de una pista pero tiene intacta toda su ilusión para seguir por otro camino.

Normalmente a los cutis sensibles y reactivos se les cataloga como secos y se les recomiendan texturas densas, algo muy injusto que resulta fácil para las marcas: cuesta menos meter a todos en un mismo cajón que pararse a escuchar sus necesidades. Mi piel es más o menos seca pero reacciona a productos con demasiada grasa, aunque sea de origen vegetal. Eso me sucedió con un par de productos, afortunadamente baratos, que compré en una farmacia maravillosa de Roma, al lado del senado: mantuvieron a raya mis rojeces pero me crearon grasa "por un tubo" (guiño, guiño), que brotó como una fuente.


Sin embargo no doy por perdida mi visita a la Farmacia Senado de Roma, porque además de descubrir una marca de maquillaje que me está gustando mucho y de la que hablaré pronto, en ella encontré un aerosol de Serozinc, el tónico de La Roche Posay por el que hemos suspirado las españolas durante tanto tiempo. Ahora ya se puede conseguir en nuestro país pero en Logroño nunca lo había visto.
Vuelvo a lo dicho: Serozinc es una solución de sulfato de zinc y de sodio en agua termal, y está catalogada para pieles grasas. Y no, si mi cutis no es del todo seco desde luego no es graso, pero este tónico ha sido lluvia del paraíso, lágrimas de ángeles para mí. Ha cerrado mis poros y frenado espinillas y granitos que quisieron brotar. No irrita, al contrario: calma las rojeces como pocas emulsiones o tónicos que haya probado.


Pero mi gran hallazgo en cuanto a cremas y alimentación en Roma ha sido Naturasi, una mezcla entre mercado ecológico y pastelería vegana que hay en Piazza Farnese (a segundos de mi casa) y que me tiene obnubilada. Está abierta siempre, es un espacio diáfano y tranquilo pero desprende una luz otoñal (ya casi pre Adviento) que me seduce por entero. En el apartado de alimentación vende todo tipo de semillas, infusiones Yogi, fruta y verdura ecológica, aguas minerales raras, barritas energéticas..., y cuando llegas al final, te encuentras como una vitrina dedicada a productos de cosmética facial y corporal absolutamente fascinante.


La zona de cafetería es uno de los lugares más cómodos y acogedores que he encontrado en Roma para disfrutar de un momento que no sea la comida (junto con un bar de Via Sediari, cerca del Corso del Rinascimento). Puedes estar todo el tiempo que desees, nunca hay prisa. Cuando mi labor es de leer más que de escribir suelo bajarme y pedir un smoothie (mi favorito es el vitamínico de naranja, pomelo rosa y zanahoria), o si me siento caprichosa un trozo de bizcocho, también reciente y metido bajo una campana de cristal propia de pastelería americana,
Pero lo más importante, de cara a este infinito post, es que en Naturasi he descubierto la línea de almendra de Weleda para mi piel, y ha sido amor del bueno.


De Weleda yo conocía su línea de granada para el cuerpo, que huele a gloria; pero la gama de almendra es justo lo que andaba necesitando. El aceite de almendras dulces es el que mejor le sienta a mi piel roja: así como los de coco y argán son un a veces sí pero no, y los de aguacate, rosa mosqueta y jojoba directamente le van fatal, el "Prunus amiygdalus dulcis" como principio activo es casi tan milagroso como el bisabolol.
Y en la leche limpiadora y la crema hidratante de almendra que conseguí (por nueve y catorce euros respectivamente), éste es el primer ingrediente de la lista, junto con gilcerina, cera de abejas, ácido láctico... y nada más. Ni siliconas, ni derivados minerales, ni perfumes.


Tras pasar el test de la lista de ingredientes, ver que son pocos y de calidad,  yo debo probar las texturas, que deben ser algo fluidas. Ligereza no es igual a falta de nutrición, de igual modo que un INCI cargado de demasiados ingredientes y estratos, aunque sean naturales, puede sensibilizar la piel. Estos productos en cambio son blancos y frescos, se aplican muy bien.
La leche limpiadora es casi líquida y en dos pasadas de algodón ecológico lo arrastra todo, todo y todo, dejando piel de bebé a su paso. Me encantó probar su eficacia, realmente desmaquilla y por eso se ha convertido en mi producto favorito para retirar maquillaje; me recuerda a la loción Cetaphil y a la manteca de camomila de The Body Shop, es como una mezcla entre ambos.


La crema es una gozada. Poquito a poco normaliza la piel, es como una caricia nocturna y diurna, porque la utilizo en ambas ocasiones. Por la mañana hidrata sin saturar y por la noche me da todo lo que necesito.
En un primer momento, lo confieso, fui un poco tacaña y vi que la crema de malva de bebé costaba nueve euros en vez de los catorce que pedían por la de almendra y me la llevé: tenía los mismos ingredientes pero el óxido de zinc que los diferenciaba estaba en primer lugar..., y eso hace que la crema de malva sea muy densa, una pomada porque claro, ¡está pensada para el pañal del niño!


Ahora no me pesa haberla comprado porque es maravillosa para el cuerpo, pues arregla codos rugosos, sobacos coloraos... Ejem, tengo un pequeño gran problema con el desodorante: no me he podido traer mi bote de piedra de alumbre líquida de La Boutique de los perfumes y todo lo demás que suele llevar alcohol o aluminio me deja las axilas encendidas. Y lo peor, me abandona. Es un problema en mi vida. Y he visto que los desodorantes ecológicos que hay en Naturasi también tienen alcohol.


El último producto de mi ritual de belleza es un tarro de manteca de karité pura que me compré en la farmacia del senado. Me costó solo cinco euros y la firma Dr Taffi, marca italiana que tiene sueros de ácido hialurónico muy atractivos y la gama para rojeces que como dije a mí me resultó demasiado densa y compleja.
Sin embargo, amo los tarros de principios activos puros, sin más ropajes ni disfraz. La manteca de karité es otro ingrediente que mi piel ama. Antes de aplicarla hay que trabajarla un poco con los dedos, pero cuando se malea resulta adorable. Yo la estoy utilizando como contorno de ojos: no lagrimeo, no me irrita.. y la zona está mucho más tersa que antes.


Os presento la prueba de fuego para evaluar mi rutina, llegó la hora de la verdad: una imagen de mi cara desnuda, sólo con "pintalabios" porque de otro modo no sería yo. Ni filtros, ni maquillaje: sólo una semanita larga utilizando los productos aquí reseñados. Mi piel ahora es una piel que respira, relajada, feliz... ¡tan feliz como su dueña!

Haul: mis compras *random* en Roma — Off Potic

No, no es una errata. En la cumbre del ingenio, ejem, he querido hacer un juego, ejem, entre Potic/Topic y potingue, ejem. Esto, er... yo ya me iba, ¿la salida, por favor? 
Venga, va, comienzo el post en serio. Roma aviva mi vena consumista, siempre latente a pesar de algunos intentos de potidieta cuaresmal o no cuaresmal que a veces salen bien, a veces salen mal... Pero en la dulce Italia tengo la excusa perfecta, servida a modo de dos poderosos mantras que resuenan en mi cabeza constantemente: "es una ocasión única" y "así siempre recordarás este viaje", como si no fuera suficiente el centenar de fotografías que he subido a Instagram...


Hoy os quiero detallar aquí las cositas o cosazas que he comprado a lo largo de este mes en Roma y que no son potingues: algunas son más de turista y otras menos, así que lo he titulado Rándom que suena más a "estoy en la cresta de la ola". De paso os cuento dónde las adquirí y así hablo de alguna tiendecita local que me disloca.
Los anillos fueron mi primera pasión, de adolescente los coleccionaba y parece que he regresado: me he dejado sorprender, es como si en España ya conociera demasiado las tiendas, y firmas como Aristocrazy o Tous (de las que tengo alguna pieza) ya no me llamaran...


Pero en Roma abunda un tipo de tiendas únicas, artesanas, con sabor a veces más vintage, a veces más canalla..., y en esta estancia he descubierto al menos dos. Una en el Trastevere y otra cerca de Piazza Navona, oyes, que son mis dos zonas favoritas dentro de la ciudad.
La del Trastévere se llama Estratto y vende este tipo de anillos artesanos grandes, estilo #andevassinanilloshermosa, que son aleación de plata y rodio y que cuestan quince euros. Me llevé este y otro para regalar, que luego hay mucho cumpleaños y las Navidades a la vuelta de la esquina cuando vuelva.


Pero el premio a anillo especial, preciosísimo, amable en el sentido de que despierta amor, se lo lleva éste de bronce en forma de cerradura que me costó treinta euros y que además encierra una gran historia, ya que me lo compré el día que se fueron mis tíos, mi madre se había marchado tiempo ha y me vi de veras sola en Roma.
Simboliza mi apertura a mundos y tiempos nuevos, me flipa que sea de bronce y si en un principio los treinta euros que pagué por él se me antojaron mucho e incluso me lo pensé, ahora me parecen muy poco. Cuanto más lo veo más siento que es una pieza única y un objeto de arte. Lo amo a nivel "a lo mejor lo digo al cura mañana cuando me confiese porque esto ralla en idolatría".


Lo compré en una tienda que se llama BB Oil, sí, parece un producto de Garnier pero es un pequeño local de aire masculino, con gorras raperas, chupas y zapatillas Vans. Está en una calle llamada Via dei Baullari, junto a Campo di Fiori y cerca de Piazza Navona. En frente hay otra tienda igual de especial pero radicalmente distinta, de vestidos lady like y bisutería tipo esmeraldas. Y en esa calle hay una pizzería que se llama Caffe Bianco que es sublime y tiene un menú de pasta & ensalada por solo doce euros.


Paso ahora a detallar mis compras "de turista": lo primero que todo ser que viaja a la ciudad eterna adquiere es un pañuelo amplio tipo fular. Está el centro de Roma plagado de puestos, vendedores ambulantes, etc... que los ofrecen y eso es porque a las iglesias no se puede entrar descotada, en tirantes o en bermudas.
Me chiflan los italianos: en vez de protestar tomándolo por una ofensa a la libertad en el vestir (lo cual es muy relativo porque otras religiones bien que se hacen respetar en sus lugares de culto), montan un negocio en pro del pudor y la elegancia: porque los pañuelos son a cada cual más bonitos.
Este me costó ocho euros en un puesto que hay en el corso Vittorio Emanuelle (pero también esquina con Baullari, muy cerca de Navona), es reversible, por un lado fresa con bordados dorados y por el otro oro rosa con vetas fresas.


Otro producto nacional que se vende muchísimo a los turistas es la piel. Sé que muchas de mis lectoras considerarán poco ético comprar piel y consideré el no enseñaros esta compra: pero no tengo claras mis ideas respecto a este asunto y lo que no soy es hipócrita. Roma está repleta de tiendas que venden bolsos de piel y ya os digo que la más barata se halla en la calle Tritone. Allí encontré este bolsillo de bandolera con cremallera y solapa en un precioso tono gris por veinticinco euros, y es piel genuina o "vera pelle" como dicen ellos.


Me apasiona el color gris, entre antracita y topo, aunque me hubiera entusiasmado encontrarlo en metalizado. Un acabado que sí pude hallar en la otra tienda de piel que me gusta, en Via Dei baullari ¿dónde sino? Sin embargo este precioso monedero me costó doce euros cuando en Tritone por solo el doble tienes todo un bolso.
Y estos son mis vicios "off potic"..., pero seguiremos informando. Por ejemplo quiero volver a Limoni y quiero hablaros de un almacén de golosinas, en Tritone también, que se llama OD Store y donde compré una lata de galletas maravillosa. To be continued, ¡siempre to be continued!