Gaggia de Santa Maria Novella: no necesito buscar otro perfume

Recuerdo con intensidad mi sensación al oler por vez primera el perfume Acqua Allegoria Mandarin Basilic de Guerlain, en 2007, o Summer by Kenzo, en 2012: fue más que deleite, fue amor absoluto, pasión olfativa, esa aguda certeza de que "aquel era" mi perfume. Una sensación que no había vuelto a experimentar... hasta ahora.


Sí, he tenido momentos bonitos con fragancias de calidad. Mimosas pour moi de Anne Flippo o el amor imposible, Happy de Clinique o la perfecta colonia de verano..., pero que no dura en mi piel, Flor de oro y acacia de L´Ocittane o la decepción agridulce... De todos los aromas que g¡he probado desde 2013 el que más se acerca al flechazo fue el agua de tocador Lilas de Álvarez Gómez que me regaló mi tía Maite en Navidad, y que sigue siendo mi colonia de diario en invierno... Pero ese momento de arrebato y, a la vez, convencimiento íntimo, lo he vuelto a sentir hace unos días... en Santa maria Novella.


No voy a repetir aquí la historia de esta "oficina de perfumes", la farmacia más antigua de nuestra civilización, medieval y florentina... La tenéis en wikipedia y en multitud de espacios que se hicieron eco de la noticia cuando la firma desembarcó en Madrid (Calle del Almirante, 26). En Roma encontré un local en el fabuloso Corso del Renacimiento, y me sumergí en su mundo de perfumes antiguos, alacenas tintineantes y dependientas que te ofrecen probar sin cansancio y sin perder la sonrisa.
Sí que os quiero describir, narrar, y me faltan palabras, el instante de delicia pura en el que la mimosa de esta marca se fundió en mi piel y yo la sentí mía, profundamente mía..., y renació el flechazo olfativo.
Ya en varias ocasiones una lectora del blog me había recomendado Gaggia de Santa Maria Novella, pero entonces Madrid me caía lejos y noventa euros me parecía un precio excesivo por frasco de perfume,


Ingenua de mí: ahora sé que cualquier creación de perfumería de calidad ronda ese precio. Los perfumes que he conocido en este mes romano, de Lorenzo Villoresi y de Dyptique, cuestan eso y más, y aunque me gustan es como si "me quedaran grandes", no sé si entendéis la sensación.
Gaggia no me queda grande, ni pequeño, ni dulce, ni amargo, ni demasiado serio, ni demasiado informal, ni es un bonito disfraza para la piel, bonito pero disfraz al fin y al cabo.
Se trata de un soliflore y solo huele a mimosa, pero una mimosa que evoluciona del verde al radiante, del sensual al limpio del jabón, del dulce al tenue. Que no empalaga, que impregna la piel y cada vez huele mejor. La probé sola y la probé con mi amiga Ana que está viviendo aquí unos días: pasamos una tarde entera embriagadas por el aroma, recóndito, no invasivo, pero presente y envolvente como una melodía renacentista.
La compraré.

Opal (Becca) + Orgasm (Nars) = Y la luz se hizo (parejas estupendas)

Orgasm es el rubor más icónico de Nars y casi debería decir de la alta perfumería, un melocotón rosado con chispa dorada copiadísimo, clonadísimo o al menos digamos, ejem, que ha servido de emulación al universo mundo de firmas de consumo. Su nombre es provocador, el sexo vende y yo soy una dama cuasi victoriana..., así que yo le llamo para mis adentros "el colorete de la noche de bodas". Y todos felices.


Opal es un iluminador de la marca Becca, recién aterrizada en España de la mano de Sephora, y no era mi producto favorito de esta diseñadora ni lo tenía catalogado especialmente en mi lista de deseos. Es más, creo que Moonstone sienta mucho mejor a pieles blancas como la mía y ése si es un iluminador de la marca que me entusiasmaría tener...
Pero antes de marcharme a Roma, en un último paseo por Sephora Logroño con mi lectora y ya amiga del alma Rebeca, encontramos un pack de tallas de viaje en la sección Beauty to go a veinte euros... y no me pude resistir. Después de un mes utilizándolo me muero de amor: diría que es un rosa champán cálido, y hasta que se me asemeja al Hot Sand de Nars que tanto ansío, o sea que acertamos por carambola.

#nofilter en ninguna foto 
Y ambos se unen... y surge la magia. Orgasm aporta a las mejillas ese halo de éxtasis de felicidad, digamos corporal o espiritual, eso es a nuestra elección.
Hubo un tiempo en el que se puso de moda en los foros de belleza la expresión "rubor nacido del interior de la piel", no sé si la pionera en esto fue Flopsy o si fue La Romana, ambas del mítico Foro Vogue, y lo aplicaban recuerdo al colorete en crema Penny Lane también de Nars que era un rosa cálido muy color piel que añoro terriblemente... Pues con Orgasm esa premisa también se cumple. Vas por la calle y en los ojos de la gente no se refleja la frase "qué bonito colorete", no, sino... qué piel tan repleta de luz y de color. Mejillas campestres.  Lol,


Pero es que Opal potencia este efecto. Ahora ya no pienso que no le siente bien a mi piel: es más, el matiz rosado y no sólo achampanado le da un toque de naturalidad dentro del ”bling bling” que a lo mejor no tendría el Moonstone, demasiado dorado. Con esta pequeña polvera he comenzado a iluminar tabique y punta de mi nariz todos los días, en plan instagrammer de la vida pero para comprar el pan o para investigar sobre Calderón en mi apartamento.
Además, lo aplico con el dedo meñique en el arco de Cupido, y con brocha en pómulos altos y sien, en esa "media luna" que tanto se estila ahora. Así, a chorro. A derrochar la luz por esas calles de Roma.


En la piel utilicé la base Toleriane teint de La Roche Possay aplicada con Beauty blender (mi pareja estupenda favorita), en los labios el Lip Cream Stain de Sephora número cinco, Infinite Rose que también compré con Rebeca y que se ha convertido en mi labial preferido ahora que ya no tengo el Peach Fizz de Guerlain (lástima que terminó el festival de hoy...)
Y, en los ojos, el Phyto Eye Twist de Sisley en el tono dos, y Benefit para maquillar cejas y pestañas: Goof Proof & Roller Lash, mi tercera pareja estupenda: la segunda, por si quedan dudas, es la que protegoniza el look de hoy.


Pero las anteriores fotografías fueron hechas en mi apartamento de Roma nada más aplicarme el maquillaje, así que os ofrezco una imagen varias horas después, en la calle. Y tenéis otra al principio del último post, el de Pupa, realizada unas ¡seis! horas después de maquillarme, y la pareja ganadora de colorete e iluminador continúa, y a muchas os encandiló tanto que ésa es mi razón para haber publicado hoy este look. ¡Espero que os guste!

Pupa: maquillaje made in Italy (en Perfumerías Limoni)

Limoni es una cadena de perfumerías como Sephora, pero exclusivamente italiana. Limoni tiene repartidos almacenes en toda Roma, hay uno en el Corso Vittorio Emanuelle que me pilla m3jor, pero es más pequeño y tiene menos glamour que el local de Tritone. Además, el local de Tritone queda a un paso de las fuentes de Trevi y de Barberini, de los almacenes Sephora y de un puesto de periódicos que trae prensa española.


Esta soy yo ayer, saliendo de la perfumería Limoni de Tritone absolutamente feliz. Si no ofrezco más imágenes del local es porque no lo permiten, pero mi sonrisa de felicidad habla por sí sola.
Se trata de un espacio tranquilo, diáfano, lleno de cosmética de alta gama y muy ordenado, aunque las dependientas te preguntan si pueden ayudarte más de lo necesario. Venden todas las marcas de lujo que conocemos, venden una firma de consumo pero de estética cuidada como The Balm (aunque más cara que en España, ahí no picaré), venden la fabulosa firma Smashbox (mi madre me ha robado en labial metalizado, tanto se enamoró de él), y vende... ¡¡¡Pupa!!!


Pupa es una marca italiana que antaño se podía conseguir en España (y hoy seguramente también a través de la red). Cuando la conocí me cautivaba de ella su envoltorio, empaques que parecían caramelos y paletas en forma de animalitos... Creo recordar que hicieron incluso una con la imagen de la Virgen de Guadalupe, algo kitch y una mezcla un poco rara de maquillaje y religión, pero quién ha ido a decirlo, yo, que duermo cada noche con un Niño Jesús de peluche...


El caso es que nos hemos vuelto a encontrar en pleno siglo XXI, en la década del dos mil diez, y Pupa se ha vuelto un poco más seria y profesional. Y sobre todo posee dos productos que son auténtica maravilla, ambos a doce euros con noventa céntimos (o sea, trece): sombras de ojos en lápiz de larga duración y barras de labios jugosas efecto bálsamo gloss.

Made To Last nº 11 de Pupa

Los jumbos de Pupa se llaman "Made to Last" y no exageran, el nombre no es ninguna hipérbole o licencia poética. Duran todo el día en el párpado, lo he podido comprobar. En mi primera visita a la tienda mi madre y yo nos enamoramos de este color , el once, un gris antracita plomo de claro matiz azul metal.
Reconozco que adoro este formato claramente son mi producto favorito para dar vida a los ojos, yo que no sé difuminar ni tengo un pulso preciso he encontrado en ellos el arma para maquillar con dignidad mis párpados. Y la versión de Pupa me gusta más que la de Kiko (es más cara también) pero más también que la de Nars, y cuesta la mitad de su precio.
El único de mis lápices de sombra de ojos que aún superan a Pupa es el de Sisley, que pertenece ya a la altísima perfumería. El jumbo Phyto Twist eyes nº2 de Sisley es el que llevo en la primera imagen del post..., siete horas después de su aplicación. Sin embargo, el número once de Pupa que aparece sobre estas líneas también había sido aplicado unas cinco horas antes,

Made to last nº 5 ¡ Miss Pupa nº 500

Ayer completé mi incipiente colección de Pupa con el número cinco que me encandila, me vuelve loca de amor, me arrebata a nivel Orlando Furioso. Un tono hecho para mí, un topo grisáceo que brilla en la oscuridad, Y para que brille aún un poquito más le he aplicado con el dedo en el centro del párpado un punto del iluminador Opal de Becca (del que os quiero hablar pronto), difuminándolo y fundiéndolo con el propio matiz de la sombra en lápiz. Truco que supongo todas conocéis y yo he aprendido de Ratolina, aquí Adaldrida elaborando su maquillaje de párpados más allá de un simple trazo, va a caer un cometa o algo ya.
La barra de labios Miss Pupa es coqueta, femenina, jugosa y acuática. Y el tono 500 es eses color que comparte con el melocotón el podio de mis amores labiales: efecto piruleta o color labios de fresa, sabor de amor.

Pupa: maquillaje made in Italy (en Perfumerías Limoni)

Limoni es una cadena de perfumerías como Sephora, pero exclusivamente italiana. Limoni tiene repartidos almacenes en toda Roma, hay uno en el Corso Vittorio Emanuelle que me pilla m3jor, pero es más pequeño y tiene menos glamour que el local de Tritone. Además, el local de Tritone queda a un paso de las fuentes de Trevi y de Barberini, de los almacenes Sephora y de un puesto de periódicos que trae prensa española.


Esta soy yo ayer, saliendo de la perfumería Limoni de Tritone absolutamente feliz. Si no ofrezco más imágenes del local es porque no lo permiten, pero mi sonrisa de felicidad habla por sí sola.
Se trata de un espacio tranquilo, diáfano, lleno de cosmética de alta gama y muy ordenado, aunque las dependientas te preguntan si pueden ayudarte más de lo necesario. Venden todas las marcas de lujo que conocemos, venden una firma de consumo pero de estética cuidada como The Balm (aunque más cara que en España, ahí no picaré), venden la fabulosa firma Smashbox (mi madre me ha robado en labial metalizado, tanto se enamoró de él), y vende... ¡¡¡Pupa!!!


Pupa es una marca italiana que antaño se podía conseguir en España (y hoy seguramente también a través de la red). Cuando la conocí me cautivaba de ella su envoltorio, empaques que parecían caramelos y paletas en forma de animalitos... Creo recordar que hicieron incluso una con la imagen de la Virgen de Guadalupe, algo kitch y una mezcla un poco rara de maquillaje y religión, pero quién ha ido a decirlo, yo, que duermo cada noche con un Niño Jesús de peluche...


El caso es que nos hemos vuelto a encontrar en pleno siglo XXI, en la década del dos mil diez, y Pupa se ha vuelto un poco más seria y profesional. Y sobre todo posee dos productos que son auténtica maravilla, ambos a doce euros con noventa céntimos (o sea, trece): sombras de ojos en lápiz de larga duración y barras de labios jugosas efecto bálsamo gloss.

Made To Last nº 11 de Pupa

Los jumbos de Pupa se llaman "Made to Last" y no exageran, el nombre no es ninguna hipérbole o licencia poética. Duran todo el día en el párpado, lo he podido comprobar. En mi primera visita a la tienda mi madre y yo nos enamoramos de este color , el once, un gris antracita plomo de claro matiz azul metal.
Reconozco que adoro este formato claramente son mi producto favorito para dar vida a los ojos, yo que no sé difuminar ni tengo un pulso preciso he encontrado en ellos el arma para maquillar con dignidad mis párpados. Y la versión de Pupa me gusta más que la de Kiko (es más cara también) pero más también que la de Nars, y cuesta la mitad de su precio.
El único de mis lápices de sombra de ojos que aún superan a Pupa es el de Sisley, que pertenece ya a la altísima perfumería. El jumbo Phyto Twist eyes nº2 de Sisley es el que llevo en la primera imagen del post..., siete horas después de su aplicación. Sin embargo, el número once de Pupa que aparece sobre estas líneas también había sido aplicado unas cinco horas antes,

Made to last nº 5 ¡ Miss Pupa nº 500

Ayer completé mi incipiente colección de Pupa con el número cinco que me encandila, me vuelve loca de amor, me arrebata a nivel Orlando Furioso. Un tono hecho para mí, un topo grisáceo que brilla en la oscuridad, Y para que brille aún un poquito más le he aplicado con el dedo en el centro del párpado un punto del iluminador Opal de Becca (del que os quiero hablar pronto), difuminándolo y fundiéndolo con el propio matiz de la sombra en lápiz. Truco que supongo todas conocéis y yo he aprendido de Ratolina, aquí Adaldrida elaborando su maquillaje de párpados más allá de un simple trazo, va a caer un cometa o algo ya.
La barra de labios Miss Pupa es coqueta, femenina, jugosa y acuática. Y el tono 500 es eses color que comparte con el melocotón el podio de mis amores labiales: efecto piruleta o color labios de fresa, sabor de amor.

Día Mundial del Turismo… en Roma. Museos vaticanos: review & vlog

Hoy, veintisiete de septiembre, es el Día Mundial del Turismo.
Y yo sin saberlo, hasta ayer, día en el que tras buscar durante media hora la oficina de información de los museos Vaticanos en la Plaza de San Pedro, al borde del llanto porque iba con mis tíos y estaba quedando como lo que soy (un puñetero desastre), tras encomendarme a mis santos favoritos la encontré y  amablemente me anunciaron la buena nueva:


A saber, que estaba todo completo pero que si esperaba hasta hoy, día veintisiete, conseguiría el pase gratis para celebrar el turismo comme il faut, solo habría que pagar cuatro euros si no querías sufrir las innumerables colas.
Por supuesto, pagamos los cuatro euros. Y hoy vengo a contaros por qué merece la pena visitar el vaticano y cómo, además de ofreceros una vista "en 3D" del Panteón y el Vaticano en poco más de siete minutos..., gracias a mi nuevo vlog en mi canal de YouTube. Me parece que me ha salido mejor que el anterior, claramente superable y ya eliminado.


Para comenzar, puedes optar por dos planes: ver la iglesia por dentro o ver los museos. Acceder a la iglesia como es natural es gratis, y aunque la cola asuste se mueve de manera bastante grácil. Si no eres muy de salas y salas de exposiciones, ya en el recinto sagrado puedes disfrutar de la Piedad de Miguel Ángel y del baldaquino de Bernini, que no son nonadas. Aquí hago un inciso para contar que en la iglesia de San Luis de los Franceses, cerca de Piazza Navona, hay tres Caravaggios que puedes ver con sólo entrar y son magníficos. No todo es pagar en esta vida.


Pero si quieres disfrutar de Rafael y Miguel Ángel en todo su esplendor, te convienen los museos. Aquí hay mucha picaresca on y off line, y dudosos guías tanto físicos como virtuales te hablan de precios que oscilan entre los treinta y los cuarenta y nueve euros. Pero hay (existe, de veras, aunque yo tardé en encontrarla) una oficina oficial que te vende una entrada con "prenotazione" (sin colas, con cita previa) por dieciséis euros. Hoy ni siquiera pagué eso, pero hace una semana lo hice con mi madre y valió mucho la pena.
Existen dos recorridos: uno largo y otro breve para los ansiosos que solo quieren encontrar la capilla sixtina. Si dispones de dos o tres horas te recomiendo el largo, en el que recorrerás salas de estatuas griegas, tapices y maravillosos mapas.


Y, por supuesto, llegas a lo que para mí es el santo grial de la visita, al mismo nivel que la capilla sixtina (donde por cierto no se pueden hacer fotos y debe haber bastante alerta y alarma porque guardias armados hasta los dientes vigilan por nuestra seguridad bastante tensos): las estancias de Rafael.
Aquí debo decir que no soy historiadora del arte, solo filóloga pero adoro el Renacimiento tanto en su versión literaria como musical como pictórica. Y como simple disfrutadora de la belleza digo que los colores, ropajes, cuerpos y rostros pintados por Rafael recrean el corazón, serenan el alma y enamoran todos los sentidos...


Pero es que, por supuesto, hay más.
Al ser hija de filósofo siempre me he interesado por la historia de la filosofía, y más la antigua que la moderna. Y como profesora de Didáctica de la Literatura e Historia de la Literatura en Unir siempre he explicado este cuadro, porque de la visión que tenían Platón y Aristóteles de la realidad y de la poesía dependen las cosmovisiones poéticas de todos los siglos que siguieron luego... Mis alumnos ya lo saben: ¿te encanta Platón, verdad?, preguntan, sabiendo que es una pista segura para el examen...


Pero en esa estancia hay un fresco igual de grandioso, en la pared frontal a la escuela de Atenas pintó Rafael la escuela de teología: la ciencia divina frente (o al lado de) la ciencia humana. Rafael era neoplatónico (iba a decir, como yo, pero quedaría fatal) y creía en esa escala de la belleza en la cual la hermosura de los cuerpos es reflejo de la de las almas, y ésta una sola chispa de la belleza de Dios.


Y ahora... doble vuelta con tirabuzón y caemos de nuevo en la realidad más cotidiana.
Los museos cansan, y éste, más. Te aconsejo comer en la cafetería de los museos vaticanos, que no es nada cara, y luego reposar un poco sentada en uno de los bancos del jardín, contemplando la cúpula. Es lo que hicimos nosotros.
Te ofrecen varios menús por nueve euros y medio: uno de pasta, otro de Grill, alguno más... y el que fue nuestra elección: ensalada. En concreto, la ensalada más enorme, fresca y buena que haya probado yo (en un restaurante, me refiero), con lechuga y tomate de verdad y no de plástico, aceitunas negras que saben a Mediterráneo puro, y tres bolitas de maravillosa y deliciosa mozarella. También incluye el menú un panecillo tierno, botella de agua mineral y yogur de postre. Los yogures italianos son buenísimos..., pero eso ya os lo contaré en otro monográfico sobre Roma, el de las comidas en casa y fuera de casa.
To be continued, ¡siempre to be continued!