Aveeno Daily Moisturising lotion, Jennifer Aniston y mi piel se viene arriba

Buscar la crema corporal de tu vida, ésa que te hace sentir realmente como en casa en tu propia piel, resulta una tarea tan difícil, agotadora y a la vez emocionante como buscar tu perfume.
Incluso diría que un poquito más, porque las variables se multiplican. A una crema de cuerpo no solo le pido un aroma embriagador: también una hidratación ligera pero duradera y un formato fácil.


Atrás quedó mi pasión por los tarros redondos de manteca, hoy necesito un bote fácil de transportar y sobre todo con un dosificador que me alegre la vida y la tarea. Porque hidratarse la piel del cuerpo, seamos sinceras, provoca pereza en el noventa y nueve por ciento de las ocasiones y hay que buscar motivación.
Atrás quedó también mi gusto por los aromas muy dulces, tipo Honeay Touch de Rituals o la línea rosa de Treets traditions. Bueno, en ambos principios hay ligeros matices porque en cuanto se acerque un poco más la Navidad sé que volveré a desear una manteca con reconfortante y navideño olor a chocolate, pero a diario en mi vida normal, tiempo ordinario..., lo que busco es hidratación ligera y olor a piel limpia, a calma, a sábanas recién planchadas...


Y, ¿por qué no admitirlo?, un poco de glamour. Y hoy debo confesar que estoy enamorada  que cuando vi en uno de los murales publicitarios de la farmacia Senado de Roma un visual de la espectacular Jennifer Aniston anunciando la marca Aveeno, caí rendida ante sus pies.
Por un lado, se trata de una actriz que fue todo un mito en nuestro imaginario colectivo de adolescentes de los noventa, y por otro esta firma, al menos hasta ahora, no se conseguía en España, lo cual le da al asunto un matiz exclusivo interesante...

Sin embargo, una crema puede estar rodeada de todo el chic publicitario de este planeta y parte de la galaxia vecina, que si no vale nada en la piel, de nada sirve. Pero el principal ingrediente (después de la parafina, no nos alucinemos) de esta loción hidratante en cuestión es la avena coloidal, un tipo de avena no comestible pero ideal para tratar afecciones como la rosácea gracias a sus polisacáridos. Puede que sea ésa la razón de que cuando me toca me siento en el paraíso, pero no adelantemos acontecimientos...
En un principio tuve miedo porque el olor de la avena en la cosmética no me suele gustar, pero entonces miré la vitrina de la marca y allí estaba, radiante, para mí: la versión "aroma a lavanda".


Y no, no es que huela a lavanda simplemente: es que huele a calma, a tranquilidad, a piel recién salida de la ducha, con las burbujas de un buen jabón artesano de lavanda brillando todavía sobre los hombros, resbalando por las piernas...
Huele a delicadeza, a feminidad, a ajuar de madre cariñosa, a noche de bodas y a primer bebé en camino, huele todo lo suave y recóndito que rodea a una mujer, a puerto, a casa ya  amor en esa casa.
Desde que la tengo, no es solo que mi piel huela a maravilla: es que la siento suave, sedosa, y me veo guapa, y eso tiene un efecto maravilloso no solo en la autoestima sino en la voluntad.


... Me he venido arriba. Veo mi piel bonita y me han entrado ganas de que el cuerpo también lo sea. En Limoni anduve por vez primera en mucho tiempo rondando los artilugios contra la celulitis... Y me he hecho la firme promesa de que, a mi vuelta a Logroño, me compraré a plazos en Decathlon una máquina elíptica para casa, para que el mal tiempo no sea nunca más excusa, para hacer deporte todos, todos los días frente a mis series favoritas.