Comprando Gaggia de Santa Maria Novella para despedirme de Roma

Por fin, lo hice.
Después de treinta días enamorándome en cada visita un poco más, después de dos meses en Roma adentrándome en el mundo de la alta perfumería, sopesando pros y contras pero dejando hablar al corazón, me he decidido a comprar el nuevo perfume de mi vida, la fragancia de mi estancia romana, el aroma de la que ha sido mi felicidad.


Cada momento crea un recuerdo, cada recuerdo va asociado a un olor. Cuando llegué a Roma me dejé invadir por un espíritu aventurero en el terreno de las fragancias nicho, probando en mi piel creaciones de Dyptique y de Lorenzo Villoresi..., pero algo me decía que noventa euros era un precio excesivo para fragancias interesantes pero que no me hacían sentir del todo en mi propia piel... Además, para comprar algo tan lujoso y especial debe haber un buen motivo, y haber llegado a Roma no bastaba.
Pero ayer lo hubo.

última foto en el mercado de Campo de Fiori

A la pre nostalgia cada vez más aguda de saber que me quedan menos de tres días en esta querida y preciosa ciudad, se le unió la inmensa alegría de ver culminados mis objetivos, de saber que me vuelvo a Logroño y a la Universidad Internacional de La Rioja con las manos llenas.
Terminé mi tercer artículo en estos dos menes, gasté toda la mañana en la universidad de la Sapienza, conseguí que me firmaran los papeles de la estancia y, sobre todo, hice un par de contactos profesionales que me aseguran una continuidad de breves pero jugosos viajes a la ciudad eterna.
Y mi madre, que ha llegado con mi padre para disfrutar de los últimos días, me confirmó que me veía mucho más delgada y como prueba me hizo enfundarme en esta americana de gerry Webber que hace no tanto no podía abrocharme y hoy, según ella, "me sobra una talla y va a correrme un poco los botones",



Ante tal cúmulo de estímulos, y dado que ésta es mi despedida romana..., entré en el sublime y delicado local que Santa Maria Novella tiene en el Corso del Renacimiento, y no me tembló el pulso ni la tarjeta en invertir, que no gastar, noventa euros en esta auténtica obra de arte: Gaggia, un perfume floral y limpio a la vez que dulce, una fragancia que ha seducido incluso a mi propia madre, encastillada en la gama de los acordes cítricos y frescos.
Ahora mismo ando envuelta en un aroma sutil y pertinaz al mismo tiempo, chispeante e íntimo a la vez. Mimosas, radiantes mimosas para celebrar y para despedir esta espléndida estancia romana.