El (nuevo) perfume de mi vida: Happy de Clinique


Que soy adicta al happy end creo que se puede vislumbrar. Ser feliz y hacer felices a los demás me parece el mejor propósito de vida. Así no me resultaba difícil enamorarme de un perfume que tiene un título tan acorde a mis sentimientos, que me lleva de la mano a mi primera curiosidad cosmética y que cuenta en su pirámide olfativa con un cóctel de cítricos, muguet y...,¡mimosa!


Que me disloca el olor de las mimosas es algo que, quienes me siguen desde hace un tiempo, no es que lo presuman, es que lo tienen por cierto y cristalino. Es un aroma radiante y dulce, alegre y femenino, delicado y sensual a partes iguales que me rinde totalmente. Una fragancia que me hace sentir a la vez muy mujer y muy niña.

Desde que a finales de 2012 descatalogaron el que era el perfume de mi vida, Summer by Kenzo que giraba en torno a esta chispeante flor, he buscado y encontrado a veces fragancias de mimosa pero a todas les faltaba algo, y testigo sois vosotros, mis queridos lectores de este blog: si unas eran extremadamente volátiles, otras resultaban demasiado persistentes para la oficina, ¡y cuando yo me enamoro de un aroma deseo utilizarlo a diario!


A lo mejor la solución estaba en añadir un cítrico radiante a mi nota olfativa preferida, y esto es lo que acaba de suceder. Pero, ¿cómo descubrí Happy de Clinique?
Más bien ha sido un redescubrimiento, ya que este perfume fue lanzado en 1998, cuando yo era apenas una adolescente, y recuerdo haberlo deseado en secreto cuando aún era novedad en las perfumerías, haberme bañado literalmente con alguno de sus probadores en El Corte Inglés... Pero entonces buscaba algo aún más fresco: la fragancia fue desde el principio para mí un enigma, pues tenía algo dulce y exuberante que me atraía poderosamente y a la vez (entonces era muy temprano para mí...), a la vez me daba miedo.




Ahora es ese punto especial lo que me enamora porque he descubierto que se trata, ni más ni menos que de ¡mimosa! Fue tecleando el nombre de mi flor favorita en el buscador de una de esas páginas webs de perfumes de imitación cuando supe que Happy de Clinique la incluía, y además en sus notas de fondo, por lo que el delicioso aroma podía ser mucho más persistente.
Acudí a Sephora, pedí una muestra del citado perfume..., y me sumergí en la felicidad olfativa, en el idilio más intenso que he podido vivir desde aquel día de San Valentín de 2012, cuando Pilar del desaparecido blog Secondo me me recomendó un perfume de Kenzo y mi vida (cosmética) ya no volvió a ser como antes...

Happy de Clinique es un perfume travieso, que juega a confundir. Porque se abre con una explosión de cítricos no amargos (naranja, naranja de sangre y mandarina), evoluciona con la alegría más calmada del muguet..., pero lo que de veras permanece, lo que arrebata, es la dulzura carnosa e infinitamente alegre del ramo de mimosas que se esconde en sus notas de fondo.