Haul: mis compras *random* en Roma — Off Potic

No, no es una errata. En la cumbre del ingenio, ejem, he querido hacer un juego, ejem, entre Potic/Topic y potingue, ejem. Esto, er... yo ya me iba, ¿la salida, por favor? 
Venga, va, comienzo el post en serio. Roma aviva mi vena consumista, siempre latente a pesar de algunos intentos de potidieta cuaresmal o no cuaresmal que a veces salen bien, a veces salen mal... Pero en la dulce Italia tengo la excusa perfecta, servida a modo de dos poderosos mantras que resuenan en mi cabeza constantemente: "es una ocasión única" y "así siempre recordarás este viaje", como si no fuera suficiente el centenar de fotografías que he subido a Instagram...


Hoy os quiero detallar aquí las cositas o cosazas que he comprado a lo largo de este mes en Roma y que no son potingues: algunas son más de turista y otras menos, así que lo he titulado Rándom que suena más a "estoy en la cresta de la ola". De paso os cuento dónde las adquirí y así hablo de alguna tiendecita local que me disloca.
Los anillos fueron mi primera pasión, de adolescente los coleccionaba y parece que he regresado: me he dejado sorprender, es como si en España ya conociera demasiado las tiendas, y firmas como Aristocrazy o Tous (de las que tengo alguna pieza) ya no me llamaran...


Pero en Roma abunda un tipo de tiendas únicas, artesanas, con sabor a veces más vintage, a veces más canalla..., y en esta estancia he descubierto al menos dos. Una en el Trastevere y otra cerca de Piazza Navona, oyes, que son mis dos zonas favoritas dentro de la ciudad.
La del Trastévere se llama Estratto y vende este tipo de anillos artesanos grandes, estilo #andevassinanilloshermosa, que son aleación de plata y rodio y que cuestan quince euros. Me llevé este y otro para regalar, que luego hay mucho cumpleaños y las Navidades a la vuelta de la esquina cuando vuelva.


Pero el premio a anillo especial, preciosísimo, amable en el sentido de que despierta amor, se lo lleva éste de bronce en forma de cerradura que me costó treinta euros y que además encierra una gran historia, ya que me lo compré el día que se fueron mis tíos, mi madre se había marchado tiempo ha y me vi de veras sola en Roma.
Simboliza mi apertura a mundos y tiempos nuevos, me flipa que sea de bronce y si en un principio los treinta euros que pagué por él se me antojaron mucho e incluso me lo pensé, ahora me parecen muy poco. Cuanto más lo veo más siento que es una pieza única y un objeto de arte. Lo amo a nivel "a lo mejor lo digo al cura mañana cuando me confiese porque esto ralla en idolatría".


Lo compré en una tienda que se llama BB Oil, sí, parece un producto de Garnier pero es un pequeño local de aire masculino, con gorras raperas, chupas y zapatillas Vans. Está en una calle llamada Via dei Baullari, junto a Campo di Fiori y cerca de Piazza Navona. En frente hay otra tienda igual de especial pero radicalmente distinta, de vestidos lady like y bisutería tipo esmeraldas. Y en esa calle hay una pizzería que se llama Caffe Bianco que es sublime y tiene un menú de pasta & ensalada por solo doce euros.


Paso ahora a detallar mis compras "de turista": lo primero que todo ser que viaja a la ciudad eterna adquiere es un pañuelo amplio tipo fular. Está el centro de Roma plagado de puestos, vendedores ambulantes, etc... que los ofrecen y eso es porque a las iglesias no se puede entrar descotada, en tirantes o en bermudas.
Me chiflan los italianos: en vez de protestar tomándolo por una ofensa a la libertad en el vestir (lo cual es muy relativo porque otras religiones bien que se hacen respetar en sus lugares de culto), montan un negocio en pro del pudor y la elegancia: porque los pañuelos son a cada cual más bonitos.
Este me costó ocho euros en un puesto que hay en el corso Vittorio Emanuelle (pero también esquina con Baullari, muy cerca de Navona), es reversible, por un lado fresa con bordados dorados y por el otro oro rosa con vetas fresas.


Otro producto nacional que se vende muchísimo a los turistas es la piel. Sé que muchas de mis lectoras considerarán poco ético comprar piel y consideré el no enseñaros esta compra: pero no tengo claras mis ideas respecto a este asunto y lo que no soy es hipócrita. Roma está repleta de tiendas que venden bolsos de piel y ya os digo que la más barata se halla en la calle Tritone. Allí encontré este bolsillo de bandolera con cremallera y solapa en un precioso tono gris por veinticinco euros, y es piel genuina o "vera pelle" como dicen ellos.


Me apasiona el color gris, entre antracita y topo, aunque me hubiera entusiasmado encontrarlo en metalizado. Un acabado que sí pude hallar en la otra tienda de piel que me gusta, en Via Dei baullari ¿dónde sino? Sin embargo este precioso monedero me costó doce euros cuando en Tritone por solo el doble tienes todo un bolso.
Y estos son mis vicios "off potic"..., pero seguiremos informando. Por ejemplo quiero volver a Limoni y quiero hablaros de un almacén de golosinas, en Tritone también, que se llama OD Store y donde compré una lata de galletas maravillosa. To be continued, ¡siempre to be continued!