Homenaje a The Body Shop y a La Chinata: productos terminados y ritual de belleza

Homenaje a The Body Shop al cerrar sus puertas en Logroño (más bien réquiem)..., y a La Chinata y a Inés, la dueña del local de García Morato de mi ciudad, porque resista muchos años, ahora y siempre, a la invasora crisis que nunca termina.
Sí, éste iba a ser un repaso rutinario por mi ritual de belleza, agotado y fácilmente repuesto...,


pero cuando hace dos semanas me encontré con un cartel de "local disponible, razón inmobiliaria de cuyo nombre no quiero acordarme" en donde estuvo una de mis tiendas favoritas de cosmética, se me partió el alma y supe que le haría una reseña especial, con vídeo incluido.
Ignoro si la firma atraviesa problemas a nivel regional, nacional o global, (una lectora me dijo que había dejado de pertenecer al grupo L´Oreal para formar parte de un grupo brasileño), pero lo que sé es que se puede vanagloriar de ser la creadora de tres sublimes elixires, bálsamos de Fierabrás para cualquier piel sensible con rojeces, y desde este humilde espacio vengo a rendir mi más sentido pésame homenaje.
No digo nada (que no se haya dicho ya) de su honda conciencia social y sus campañas como la de Ruby, cuando aún era yo muy jovencita y nadie alzaba la voz en contra de los cánones opresores ni había modelos "plus size " que triunfaran ni campañas como #thisbody. Cuando ser ecologista no estaba de moda, cuando ser feminista no era trending topic. Cuando había mucho menos postureo sobre la faz de la tierra. Sin radicalismos, con amabilidad pero con firmeza...



- Adaldrida, que pecas de ingenua #asallways, que solo es una empresa...
Bueno, pues me centro en los productos que quería reseñar: al lío que me lío.

Mi vida se puede dividir, hablando siempre en términos cosméticos, en antes y después de que The Body Shop lanzara al mercado su línea de desmaquillado y limpieza facial de camomila.
Antes, la hora de retirar el maquillaje culminaba siempre en la mítica frase de "rasca, mamá", porque si no sacaba brillo a mi piel no quedaba limpia, pero gracias a esta gama puedo sustituirla felizmente por otro eslogan famoso: el frotar se va a acabar. Se ha acabado.
Probé todos los productos y me quedo con el bálsamo en invierno y el desmaquillante bifásico waterproof en verano: es fresco pero suave y muy, muy eficaz. Lo uso en todo el rostro, me fascina. Es que no solo retira el maquillaje, calma la piel todo en uno. ¿Conocéis ese dogma de la cosmética actual que dicta que siempre hay que usar tónico para restaurar la barrera hidrolípica y desensibilizar el cutis...? Con este producto no hace falta.
Su porcentaje de camomila es brutal, y carece de siliconas, alcoholes, petrolatos y detergentes (cosa que no ocurre con otras cremas de la firma, incluso con mis favoritas)..., pero es que además se lo lleva todo. Anonadada me hallo.


Los otros dos productos básicos en mi rutina: la crema Vitamin C boosting Moisturizer que ya reseñé aquí y que supone un chute de vitaminas en mi piel, eso sí, en invierno, otoño y primavera no la utilizo en solitario sino como primer paso, como un sérum el gel, y la sin par, la llena de gracia cosmética, la inigualable crema de día de aloe vera de The Body Shop. Mi crema de cabecera desde que formularon a peor la Creme fraiche de Nuxe.
Nunca me ha fallado. Mi piel no se cansa de ella. Es agua para los cutis necesitados, tiene una textura algo propia de flan que resbala deliciosamente por la piel y con un segundo de masaje penetra en ella sin más.
No, no posee la formulación más limpia de la vida, hay bastante química en esta crema, incluso un par de siliconas (eso sí, volátiles), el aloe vera está a la mitad de la fórmula, aunque en los primeros puestos se encuentran la glicerina y el aceite de sésamo. No es un producto orgánico..., pero como le ocurre a la de vitamina C, es un misterio y un milagro en mi piel: es calma absoluta.


Sin embargo, he encontrado una grandiosa sustituta en La Chinata, por solo once euros, que cumple la misión de ambas para mí: la crema antioxidante con licopeno de tomate combate los temidos radicales libres, pero en mi tez también cumple una misión de calmar, suavizar e hidratar muchísimo la piel. Su textura es mucho más gruesa y densa de lo que suelo utilizar, pero Inés me dijo que es una crema que compran incluso clientas que trabajan a altas temperaturas y se la llevan a la fábrica, y es que, sorpresas te da la vida, ¡esta crema no suda en la piel! la aplicas y desaparece, solo queda una sensación de nutrición extrema.
La fórmula también da sustos y alegrías, aunque resulta mucho más ecológica que sus dos antecesoras. Hay silicona y perfume pero muy abajo, y antes de eso (y antes de la sal, que diría la Tía Maruja) hay aceite de oliva y mil extractos vegetales.
Todo esto y más os cuento en mi nuevo vídeo de YouTube:


Si me seguís por Instagram sabréis que he atravesado por bastantes dificultades para editar este vídeo, incluido un momento #drama bastante surrealista, pero al final lo conseguí, y aunque el sonido sigue siendo algo defectuoso, hay solo un par de saltos y en general me siento satisfecha del resultado: la edición sigue sin ser lo mío, ¡pero es que me chifla hablar con vosotras!