Jugando en familia: Katacrash!

Vacaciones es tiempo de descanso, sí, pero existen muchas maneras de descansar. Unas son más creativas, otras más banales, unas más sanas y otras más tóxicas... El verano es muy largo y si tenemos a nuestro cargo gente menuda se pueden romper en casi tres meses los valores que hemos intentado construir con tesón durante todo el curso.


Una de mis formas favoritas de disfrutar una larga tarde en familia es jugar a un juego de mesa que fomente el ingenio: creo que me lo inculcaron mis padres, por una parte, al regalarme inmensos ratos de diversión en forma de juego Taboo; y mi tía bisabuela Tere por otra: ya disfruta del cielo pero durante una larga década vino todos los veranos a Haro y organizaba unas timbas de naipes colosales (sin mediar dinero, claro es), que reunían a tres o cuatro generaciones en torno al tapete verde. Mi tía era muy activa en la vida profana (le gustaba el cognac con moderación) y religiosa (era piedra angular en su parroquia), y siempre decía que jugando a las cartas se evitaban disputas y murmuraciones.

La Torre de Pisa va a caer, va a caer va a caer,,,

En este verano ha triunfado un juego que le pedí yo a los Reyes Magos hace un par de años: el Katacrash. Es barato (unos veinte euros), creativo y muy divertido. Comencé con mis tres primos y se nos unieron mis tíos después, ¡hasta mi abuela se interesó!
Se trata de una torre de aros y columnas dóricas de plástico (muy bien conseguidas), que hay que construir primero con mimo y visión de arquitecto, y destruir después. Vale, la misión no es derribarla sino ir retirando columnas sin que se caiga, aunque el fin inevitable es un gran estrépito coronado de carcajadas..., y es ya tradición familiar que siempre se me derrumbe a mí.

Las manos poderosas de mi primo el del iPhone

Os aseguro que engancha y que ejercita la habilidad. Yo hace un par de años tiraba la torre en la segunda jugada y ahora aguanto siete u ocho :) Y se genera un ambiente muy agradable, muy divertido, con muchas risas y un bonus track: no es un juego que encabrone al personal.  No hay alianzas raras ni nadie depende de tu torpeza o tu pericia. A ese respecto recuerdo partidas infernales de Monopoly con mi otra rama familiar: esto es más relajado y mucho más risueño.


Sí, he vuelto a hacerlo: he grabado, editado y publicado un vlog. Pero este dura menos de diez minutos, en él se me ve haciendo el gamberro/ridículo y siendo feliz con este juego..., y está repleto de voces distintas, las de mis dos primos de Sevilla que se emocionaron, primero con mi pez Frodo y luego con mi móvil y la posibilidad de grabarme.
"Te está viendo toda España", decían los ilusos. Y yo: chavales, no os emocionéis que no llego a los doscientos seguidores en YouTube. Pero en ellos crecían la ilusión mientras ilustraban el momento con himnos del Sevilla... Son muy geniales. Y me hicieron la ola cuando derribé la torre, como era de esperar: Rocío nunca defrauda, dijo mi primo el del iPhone.