Regalos de Santo, parte I: Go, Zara & Amitié

 Otra sabrosa tradición en este blog que no quiero dejar pasar es la de relatar uno por uno los regalitos que han tenido a bien hacerme mis seres queridos en este año del Señor, 2017.
¿He dicho alguna vez que me encanta desde niña el número diecisiete? Es una tontería pero me hace feliz. Desde que supe que mi número favorito en principio, el cinco, tenía rima (y yo tan angelical que ni lo vislumbraba), éste pasó a ser mi número de la suerte, aunque supongo que para los ingenios escatológicos existe un mundo de diminutivos calenturientos en -ete...


¿Por dónde iba? Ah, sí: el pasado domingo lunes fue mi santo. Como ya he explicado en años anteriores nadie se pone de acuerdo en el día, el oficial es el domingo pero todos mis amigos del Sur me felicitan el lunes porque es entonces cuando pasea la Virgen por la aldea del Rocío, así que tengo dos días para mí y los disfruto como una niña.
El Domingo invité a mi tía Conchita y a mi primo el del iPhone (que por cierto hoy es su cumple, ¡felicidades!), a tomar un vermú de fiesta en la terraza del Ibiza: nada más y nada menos que una ración de calamares, que los hacen divinos y a mi tía le chiflan. En la imagen podéis ver el regalo que me dice a mí misma: un reloj pulsera joya que hacía mucho tiempo que quería tener.

Lo compré en Hora y plata, una tienda de Logroño que me gusta muchísimo porque ya tengo confianza con la dependienta.  Le dije lo que yo quería, y enseguida me dirigió hacia la marca Go, que es por el estilo de Viceroy pero más barato. Este modelo costaba 79 euros ya que el brazalete es de acero y no se "vuelve", y la máquina es resistente al agua tres atmósferas.
En la fotografía veis que asoma una preciosa camisa blanca, regalo de mi madre.

 Aquí la podéis ver, un poco ajada ya porque era de noche, en el look que llevé a la conferencia de Valladolid ayer. El hotel que me ofrecieron era precioso, el Felipe IV, tenía un espejo de marco dorado  irresistible para hacerse un selfie, El resto del Outfit se compone de pantalón negro de Zara y blusa superpuesta de Adolfo Domínguez, pero vamos a centrarnos en la camisa blanca.
 Es de Zara también, es muy vaporosa y romántica, muy elegante porque era de mi madre. Es decir, no es regalo sino herencia pero para mí tiene mayor valor. Siempre que se la veía a mi madre me quedaba prendada, y ella me dijo una de sus frases favoritas: cuando te quepa te la quedas.

El otro regalo ya comprado por mi madre es esta blusa color entre camel y mostaza de Amitié, que he estrenado hoy. Pido disculpas por lo arrugada que aparece, estoy acostumbrada a ropa que se pueda enrollar en una maletita pequeña tipo week end, pero ya veo que no es el caso. Resulta muy fresca y también muy romántica. Es una L y me queda algo holgada pero en este tipo de prendas el "oversize" favorece.

 Mi padre me trajo una auténtica artesanía de Perú, donde había sido invitado a un congreso, pero no tengo fotos a mano, las mostraré en Instagram.
Por último,  mis tías Concha y Ana me regalaron este colgante en forma de hoja dorada, comprado en una tienda local de Haro. Y mi primo el del iPhone y mi tía Isabel esta chaquetilla verde brócoli, un tono precioso y la única variedad de verde que me gusta junto al esmeralda)para mí el verde agua entra dentro del maravilloso mundo de los turquesas, que como ya sabéis es mi color preferido y lo asocio al azul). Es muy fluida y me va a dar mucho juego, aquí la tenéis sobre la camisa de Zara pero la estoy conceptual izando sobre mi vestido gris de Renatta & go.

 Por último mi abuela me dio un billetito, dinero que invertí en una primera y fructífera visita al local que Aldi ha abierto en Logroño, ¡por fin! Pero eso lo relataré en otra entrega de esta saga: yo be continued, siempre yo ve continued!