Ritual de belleza: Serozinc de LRP y descubriendo Weleda en Naturasi

Todo en esta vida se termina..., y a veces hay que añadir: "por fortuna".
Apuré la última gota de mi crema de Ziaja (que no fue mal del todo pero las he visto mucho mejores), y tiré a la papelera mi última toallita limpiadora de Deliplús (recuérdenme que nunca, nunca, nunca más  me pase más de veinte días desmaquillando mi piel solo con ellas...) Y mi rostro y mi cuerpo necesitaban mimos. Muchos mimos.


El post de hoy va a ser largo... vayan a por palomitas o mejor a por una infusión reconfortante.
Encontrar una rutina de belleza para piel sensible no resulta fácil, pero como contrapartida se trata de algo emocionante. A veces, cuando invierto algo de dinero en algo que no me funciona (y no, no todas las marcas tienen muestras a disposición del cliente), en vez de deprimirme me siento cual detective que ha perdido el hilo de una pista pero tiene intacta toda su ilusión para seguir por otro camino.

Normalmente a los cutis sensibles y reactivos se les cataloga como secos y se les recomiendan texturas densas, algo muy injusto que resulta fácil para las marcas: cuesta menos meter a todos en un mismo cajón que pararse a escuchar sus necesidades. Mi piel es más o menos seca pero reacciona a productos con demasiada grasa, aunque sea de origen vegetal. Eso me sucedió con un par de productos, afortunadamente baratos, que compré en una farmacia maravillosa de Roma, al lado del senado: mantuvieron a raya mis rojeces pero me crearon grasa "por un tubo" (guiño, guiño), que brotó como una fuente.


Sin embargo no doy por perdida mi visita a la Farmacia Senado de Roma, porque además de descubrir una marca de maquillaje que me está gustando mucho y de la que hablaré pronto, en ella encontré un aerosol de Serozinc, el tónico de La Roche Posay por el que hemos suspirado las españolas durante tanto tiempo. Ahora ya se puede conseguir en nuestro país pero en Logroño nunca lo había visto.
Vuelvo a lo dicho: Serozinc es una solución de sulfato de zinc y de sodio en agua termal, y está catalogada para pieles grasas. Y no, si mi cutis no es del todo seco desde luego no es graso, pero este tónico ha sido lluvia del paraíso, lágrimas de ángeles para mí. Ha cerrado mis poros y frenado espinillas y granitos que quisieron brotar. No irrita, al contrario: calma las rojeces como pocas emulsiones o tónicos que haya probado.


Pero mi gran hallazgo en cuanto a cremas y alimentación en Roma ha sido Naturasi, una mezcla entre mercado ecológico y pastelería vegana que hay en Piazza Farnese (a segundos de mi casa) y que me tiene obnubilada. Está abierta siempre, es un espacio diáfano y tranquilo pero desprende una luz otoñal (ya casi pre Adviento) que me seduce por entero. En el apartado de alimentación vende todo tipo de semillas, infusiones Yogi, fruta y verdura ecológica, aguas minerales raras, barritas energéticas..., y cuando llegas al final, te encuentras como una vitrina dedicada a productos de cosmética facial y corporal absolutamente fascinante.


La zona de cafetería es uno de los lugares más cómodos y acogedores que he encontrado en Roma para disfrutar de un momento que no sea la comida (junto con un bar de Via Sediari, cerca del Corso del Rinascimento). Puedes estar todo el tiempo que desees, nunca hay prisa. Cuando mi labor es de leer más que de escribir suelo bajarme y pedir un smoothie (mi favorito es el vitamínico de naranja, pomelo rosa y zanahoria), o si me siento caprichosa un trozo de bizcocho, también reciente y metido bajo una campana de cristal propia de pastelería americana,
Pero lo más importante, de cara a este infinito post, es que en Naturasi he descubierto la línea de almendra de Weleda para mi piel, y ha sido amor del bueno.


De Weleda yo conocía su línea de granada para el cuerpo, que huele a gloria; pero la gama de almendra es justo lo que andaba necesitando. El aceite de almendras dulces es el que mejor le sienta a mi piel roja: así como los de coco y argán son un a veces sí pero no, y los de aguacate, rosa mosqueta y jojoba directamente le van fatal, el "Prunus amiygdalus dulcis" como principio activo es casi tan milagroso como el bisabolol.
Y en la leche limpiadora y la crema hidratante de almendra que conseguí (por nueve y catorce euros respectivamente), éste es el primer ingrediente de la lista, junto con gilcerina, cera de abejas, ácido láctico... y nada más. Ni siliconas, ni derivados minerales, ni perfumes.


Tras pasar el test de la lista de ingredientes, ver que son pocos y de calidad,  yo debo probar las texturas, que deben ser algo fluidas. Ligereza no es igual a falta de nutrición, de igual modo que un INCI cargado de demasiados ingredientes y estratos, aunque sean naturales, puede sensibilizar la piel. Estos productos en cambio son blancos y frescos, se aplican muy bien.
La leche limpiadora es casi líquida y en dos pasadas de algodón ecológico lo arrastra todo, todo y todo, dejando piel de bebé a su paso. Me encantó probar su eficacia, realmente desmaquilla y por eso se ha convertido en mi producto favorito para retirar maquillaje; me recuerda a la loción Cetaphil y a la manteca de camomila de The Body Shop, es como una mezcla entre ambos.


La crema es una gozada. Poquito a poco normaliza la piel, es como una caricia nocturna y diurna, porque la utilizo en ambas ocasiones. Por la mañana hidrata sin saturar y por la noche me da todo lo que necesito.
En un primer momento, lo confieso, fui un poco tacaña y vi que la crema de malva de bebé costaba nueve euros en vez de los catorce que pedían por la de almendra y me la llevé: tenía los mismos ingredientes pero el óxido de zinc que los diferenciaba estaba en primer lugar..., y eso hace que la crema de malva sea muy densa, una pomada porque claro, ¡está pensada para el pañal del niño!


Ahora no me pesa haberla comprado porque es maravillosa para el cuerpo, pues arregla codos rugosos, sobacos coloraos... Ejem, tengo un pequeño gran problema con el desodorante: no me he podido traer mi bote de piedra de alumbre líquida de La Boutique de los perfumes y todo lo demás que suele llevar alcohol o aluminio me deja las axilas encendidas. Y lo peor, me abandona. Es un problema en mi vida. Y he visto que los desodorantes ecológicos que hay en Naturasi también tienen alcohol.


El último producto de mi ritual de belleza es un tarro de manteca de karité pura que me compré en la farmacia del senado. Me costó solo cinco euros y la firma Dr Taffi, marca italiana que tiene sueros de ácido hialurónico muy atractivos y la gama para rojeces que como dije a mí me resultó demasiado densa y compleja.
Sin embargo, amo los tarros de principios activos puros, sin más ropajes ni disfraz. La manteca de karité es otro ingrediente que mi piel ama. Antes de aplicarla hay que trabajarla un poco con los dedos, pero cuando se malea resulta adorable. Yo la estoy utilizando como contorno de ojos: no lagrimeo, no me irrita.. y la zona está mucho más tersa que antes.


Os presento la prueba de fuego para evaluar mi rutina, llegó la hora de la verdad: una imagen de mi cara desnuda, sólo con "pintalabios" porque de otro modo no sería yo. Ni filtros, ni maquillaje: sólo una semanita larga utilizando los productos aquí reseñados. Mi piel ahora es una piel que respira, relajada, feliz... ¡tan feliz como su dueña!